Café vienés, un gusto sublime a los sentidos…

Viena, la capital de Austria, está llena de su historia y vive de ella. A cada paso, mientras vas topándote con cada una de sus calles perforadas por los rieles del tranvía y te abruma la acera delineada para el paso de transeúntes y de ciclistas –en donde, por cierto, debes pensar rápido a dónde moverte para no ser arrollado–, vas respirando esa atmósfera que mezcla lo moderno con lo clásico imperial, en su arquitectura y urbanismo.

Los cafés en Viena ­–más de dos mil registrados– forman parte de una cultura bien arraigada en esta ciudad desde finales del siglo XIX, tanto así, que bajo la premisa de “práctica social”, se incluyeron recientemente (en el año 2011) en la Lista Nacional del Patrimonio Cultural Intangible de la Unesco. Los hay de todo tipo, siendo más reconocidos los llamados Kaffee-Restaurants y Kaffee-Konditoreien, este último produce y vende su propia pastelería como el centenario café Aída.

No solo se trata del buen gusto –calidez del ambiente, decoración, gustosos platos– y de la variedad de presentaciones del café –alrededor de una veintena–, sino de lo que ha justificado la existencia de los Kaffee-haus –casa del café– desde hace cuatro siglos (iniciando con el Imperio Otomano) como lugar predilecto de emblemáticas figuras políticas e intelectuales que dispensaron buena parte de su tiempo en ellos, dando paso a grandes ideas para la creación de teorías, música, tratados, cuentos, poemas y demás. Entre ellos, Sigmund Freud, padre del psicoanálisis; y Theodor Herzl, fundador del sionismo político moderno; entre otros.

Hoy en día siguen siendo un espacio de encuentro de la élite social y de figuras públicas del mundo –políticos, artistas, cantantes, escritores, entre otros–, así como también son una parada casi obligatoria para el turista, que suele ser el público más asiduo.

¿Qué esperar de un clásico café vienés?

1) La sensación de que el tiempo no pasa. Así mismo, es parte de la costumbre no apurar al comensal, quién puede con tan solo un café y una tarta pasar hasta el promedio máximo de cuatro horas!

2) Leer el periódico del día gratuitamente. Lo ofrecen antes de traer el menú! Tienen varias ediciones de la prensa nacional y extranjera, colgadas en marcos de madera y percheros para favorecer el orden y durabilidad de las hojas.

3) Un ambiente acogedor, que conserva la decoración de la época imperial: mesas de madera y tope de mármol, ventanales con vista a la calle, asientos de terciopelo rojo, arañas de cristal y luz tenue. Sin dejar de lado las comodidades de la actualidad, como el servicio gratuito de internet inalámbrico: wifi.

Para conocer más sobre mis impresiones de los cafés vieneses, te invito a leer las entradas del Café Landtmann –considerado el más elegante, así como predilecto de S. Freud– y el Café Sacher –donde se vende la original torta sacher, un ícono de la repostería a nivel mundial–.

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